Hasta ese momento, Auto Union GmbH —la empresa que había revivido con el apoyo de Daimler-Benz en los años 50— seguía produciendo vehículos con la marca DKW, caracterizados por sus motores de dos tiempos. Sin embargo, esa tecnología se encontraba en declive, y la dirección de la compañía sabía que necesitaban una revolución técnica.
La solución llegó con un nuevo motor de cuatro cilindros y cuatro tiempos, desarrollado en colaboración con Mercedes-Benz. El nuevo propulsor tenía una compresión notable de 11,2:1, un sistema de refrigeración mejorado, y frenos de disco montados en la transmisión. Para subrayar este cambio radical, decidieron abandonar el nombre DKW. Así nació el Audi F103.